En todo el mundo y sus sociedades el cambio es un proceso incomodo, sin embargo, en nuestro país, el cambio además de ser incomodo ha sido doloroso, no porque solamente incomode la rutinaria vida de los ecuatorianos, sino también porque junto a ella, sobrevivimos al desangramiento económico que la corrupción institucionalizada acompaña en cada gestión política y social de nuestra patria, como broma de mal gusto, viene incluido en cada elección de gobiernos
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